El punto Salomón es una de esas puntadas de ganchillo que cambian por completo la lectura de una prenda: da aire, textura y un acabado muy gráfico sin necesidad de un dibujo complejo. En este artículo explico qué es, cómo se trabaja con orden, qué materiales le sientan mejor y en qué proyectos merece la pena dedicarle tiempo. También repaso los fallos que más deforman las lazadas y cómo corregirlos antes de que el tejido se te vaya de las manos.
Lo esencial del punto Salomón en pocas líneas
- Es una puntada calada, ligera y muy decorativa.
- La altura habitual de la lazada suele moverse entre 1,25 y 5 cm, según el patrón y el efecto que busques.
- Para una pieza recta suele funcionar mejor una base impar; para una triangular, una base par.
- La tensión constante importa más que la rapidez.
- Algodón, seda, lana y cinta tipo tape producen lecturas muy distintas del mismo dibujo.
Qué es el punto Salomón y por qué sigue siendo tan útil
Yo lo considero una puntada de construcción, no solo de adorno. El dibujo nace de una cadena alargada que se cierra con un punto bajo, así que el motivo combina vacío y anclaje: por eso queda tan ligero y, al mismo tiempo, tan reconocible.
En ganchillo se usa mucho en chales, chalinas, capas y bolsos de verano porque deja pasar la luz y no crea una masa pesada. En algunos patrones también aparece como espuma de mar o punto secreto, pero la lógica es la misma: una secuencia de lazadas largas que se repiten con ritmo constante.
La ventaja real está en su versatilidad. Con el mismo gesto puedes conseguir una pieza muy fina o una versión más escultórica, y ahí es donde el material y la tensión empiezan a mandar. Si entiendes eso, el paso siguiente deja de ser teoría y se vuelve pura práctica.
Cómo tejerlo sin perder la medida
Yarnspirations sitúa la altura habitual de la lazada entre 1,25 y 5 cm, y ese margen me parece útil porque obliga a pensar en el efecto final antes de empezar. Si la lazada es corta, el tejido queda más compacto; si la alargas, el resultado se acerca más a una malla abierta y delicada.
- Haz un nudo corredizo y una base pequeña de cadenetas para arrancar el trabajo.
- Levanta una lazada con el ganchillo hasta la altura que te pida el patrón o hasta la que mantengas de forma constante en toda la muestra.
- Cierra esa lazada con un punto bajo para fijar el primer motivo.
- Repite el gesto procurando que cada lazada mida lo mismo que la anterior.
- En la vuelta siguiente, busca el punto central entre las dos lazadas superiores y ancla ahí el punto bajo para que el dibujo no se desplace.
Yo suelo mirar siempre dos cosas: que la apertura no se cierre al tirar del hilo y que los laterales no se inclinen hacia un mismo lado. Si la mano aprieta de más, la puntada pierde aire; si afloja demasiado, el motivo se ve desordenado. La medida no se gana con velocidad, se gana repitiendo el mismo gesto con la misma presión.
Cuando eso ya te sale automático, el siguiente paso es elegir bien el hilo, porque el material cambia muchísimo la lectura del dibujo.
Materiales y tensión que dan un mejor resultado
En esta puntada me gustan los hilos con una textura clara y cierta caída. Si el hilo es muy peludo, el calado se esconde; si tiene demasiada rigidez, la lazada se ve forzada. Yo busco un equilibrio: suficiente cuerpo para sostener la forma y bastante definición para que el motivo respire.
| Material | Qué aporta | Cuándo lo elegiría |
|---|---|---|
| Algodón | Definición y limpieza visual | Chalinas, bolsos y piezas que deben mostrar bien la estructura |
| Seda o mezcla con brillo | Caída y un acabado más fino | Chales ligeros o accesorios con un punto más elegante |
| Lana | Más volumen y suavidad | Piezas cálidas donde el efecto calado no necesite tanta precisión |
| Cinta tipo tape | Aspecto más moderno y gráfico | Proyectos que quieran acercarse al macramé sin dejar el ganchillo |
WeAreKnitters lo resume bien al señalar que, con cinta tipo tape, el acabado puede recordar mucho al macramé; yo añadiría que eso ocurre porque la superficie plana hace que cada lazada se lea con más presencia. Si buscas una textura más suave, no necesitas abandonar la técnica, solo suavizar el tipo de hilo. Y con eso ya entras en la parte más útil: saber en qué proyectos compensa de verdad.
Dónde luce mejor y dónde no compensa
Este punto luce mejor cuando quieres ligereza y movimiento. En prendas muy densas o en piezas pensadas para abrigo, el esfuerzo no compensa tanto porque el propio dibujo pide aire.
- Chales y fulares: son el terreno natural de esta puntada. La caída se aprecia y el calado no se pierde.
- Chalinas y capas finas: funcionan muy bien si quieres una pieza vistosa sin exceso de volumen.
- Bolsos de verano: aquí aporta textura, aunque a veces conviene forrarlos para que no cedan de más.
- Cenefas y paneles decorativos: sirven cuando buscas un borde con personalidad y no una terminación neutra.
La parte menos romántica es esta: cuanto más abierto es el dibujo, más se ve cualquier desequilibrio. Por eso el punto Salomón no perdona tanto como una textura tupida; si una lazada queda más corta o más tensa, el ojo la detecta enseguida. Esa transparencia es su belleza y también su límite, y por eso conviene vigilar los fallos más frecuentes antes de avanzar.
Errores comunes que te hacen perder el dibujo
Yo veo cuatro errores que se repiten una y otra vez. El primero es variar la altura de las lazadas a mitad de la labor; el segundo, apretar el cierre hasta estrangular el motivo. El tercero, montar una base que no corresponde con la forma que quieres; el cuarto, empezar una pieza grande sin una muestra previa.
- Lazada desigual: coloca un punto de referencia visual y repite siempre la misma altura. Si hace falta, mide las primeras cinco.
- Tensión demasiado cerrada: afloja un poco la mano en el cierre del punto bajo. El calado necesita aire para leerse.
- Borde descompensado: si quieres una pieza recta, trabaja con una base impar; si buscas un triángulo, una base par suele darte mejor resultado.
- Hilo demasiado peludo: cambia a uno con más definición si el dibujo se pierde.
- Sin muestra: teje 8 a 10 repeticiones antes de empezar la prenda definitiva y comprueba ancho, caída y recuperación.
Cuando corrijo esos cinco puntos, la diferencia es enorme: el tejido deja de “pelear” conmigo y empieza a crecer de forma limpia. A partir de ahí ya merece la pena mirar las variantes, porque la misma técnica puede llevarte a resultados bastante distintos.
Variantes que cambian mucho el resultado
La gracia de esta puntada es que no se agota en una sola forma. Dependiendo de cómo arranques la base y de cómo distribuyas los aumentos, puedes obtener un tejido recto, uno triangular o una superficie con un aire casi arquitectónico.
| Variante | Estructura | Uso habitual | Qué cambia de verdad |
|---|---|---|---|
| Recta | Base impar y repeticiones constantes | Fulares, paneles y chales largos | Los laterales quedan más equilibrados |
| Triangular | Base par y crecimiento progresivo | Chales en punta y piezas envolventes | La forma avanza con más apertura en los bordes |
| Efecto macramé | Hilo tipo tape o cinta | Bolsos y accesorios decorativos | El dibujo se vuelve más gráfico y moderno |
En patrones rectos, varias guías trabajan con la idea de empezar con un número impar de motivos y repetir vueltas muy parecidas para que la pieza no se tuerza. En las triangulares, en cambio, el crecimiento exige más atención en los extremos, y ahí es donde algunas personas se sorprenden: el mismo punto, hecho con otra lógica, cambia por completo la silueta. Esa es la parte que más me interesa, porque es donde la técnica deja de ser una receta y pasa a ser diseño.
La comprobación que hago antes de avanzar de verdad
Antes de dar una labor por buena, yo hago una comprobación sencilla: estiro la muestra en horizontal, la dejo caer y miro si el dibujo vuelve a su sitio sin deformarse. Si la puntada se encoge o se abre demasiado, no sigo con la pieza grande hasta ajustar la tensión. Ese control de 5 minutos ahorra horas de deshacer más adelante.
- Haz una muestra pequeña y mide la altura real de la lazada.
- Comprueba si la pieza necesita bloqueo para asentarse.
- Decide si conviene forrar, rematar con borde o dejarla completamente abierta.
Si empiezas por ahí, el punto Salomón deja de ser una puntada “bonita” y se convierte en una herramienta fiable para crear prendas ligeras, modernas y bien resueltas.